Sunday, October 24, 2004

Al fin levantamos el campamento.

Ha sido un extraño sueño. Ya casi no recuerdo nada sobre lo soñado. Sí, claro está, algunos detalles. Aquel hombre de la extraña capa y de la cara pálida, mortalmente enfermo entregándome aquella extraña joya. Y su frase, se me quedó grabada esas lentas y pesadas palabras "vuelve a casa". Él era yo; yo era él. Es lo único que sé decir: nada entiendo de hechizos ni de las suertes de la magia. Soy un guerrero y un viajero, nada más.

Pero me he despertado y he dado las ordenes pertinentes para preparara la partida. Mis hombres han acogido la noticia con inesperada alegría. La tierra -inmovil, inerte, muerta- bajo nuestros pies nos estaba matando lentamente. Ya ni sabiamos porque no habíamos partido tras los escasos meses que pensabamos recalar en el puerto para arreglar nuestra nave. Hemos sido seducidos por el lujo y por el poder que nos regalaron sólo por nuestras limitidadas habilidades. Pero ya partimos. Volvemos al mar y algún día. Juró por los dioses que a este mar me tienen atado, que llegaremos a Itaca.